Ortorexia: la obsesión por “comer sano” llevada a sus extremos

Ortorexia: la obsesión por “comer sano” llevada a sus extremos

La ortorexia es cuando la obsesión por «comer sano» se lleva a índices extremos, que puede convertirse en un serio trastorno para aquellas personas que la padecen.

Ortorexia: la obsesión por “comer sano” llevada a sus extremos

Para estas personas «enfermas», el comer se convierte en todo un problema. Un producto conservado es considerado por ellas artificial y peligroso para su salud, al igual que un alimento producido industrialmente, sin encambio un producto biológico lo consideran «saludable». Además, se ha comprobado científicamente que cuando están nerviosas, emocionadas, felices, o sienten cualquier sensación fuera de lo normal, reprimen estos sentimientos comiendo.

Estudios recientes han demostrado que las personas que sufren ortorexia acaban por centrarse casi exclusivamente en lo que comen, la comida es el centro de sus pensamientos y de su vida.

Por norma general la carne, las grasas, los alimentos cultivados con pesticidas o herbicidas y los que contienen sustancias artificiales, son descartados, pero su obsesión por comer lo más sano posible va más allá y se preocupan incluso por la forma de preparación de su comida y los recipientes en que los cocinan.


Cada pequeña transgresión alimenticia se acompaña de sentimientos de culpabilidad y frustración cada vez más fuertes. Se rechaza todo aquello que no es «natural», lo que influye de modo muy negativo en la vida social de la persona. Comer fuera de casa en un bar o restaurante resulta impensable para estas personas. Pierden casi todo su tiempo en la planificación de los menús y a la preparación de los alimentos.

La ortorexia, por norma general es más frecuentes en personas muy estrictas, exigentes y controladas consigo mismas y con los demás. Las mujeres, los adolescentes y quienes se dedican a deportes tales como el culturismo o el atletismo son los grupos más vulnerables, debido a que, en general, son muy sensibles frente al valor nutritivo de los alimentos y su repercusión sobre la figura o imagen corporal.

En estas personas palpita un deseo de verse perfectas, algo similar al de las personas que sufren anorexia o bulimia nerviosa, sin embargo, los anoréxicos y bulímicos se preocupan por la cantidad de comida que consumen, mientras que los ortoréxicos se obsesionan con la calidad de la misma.

El primer caso de esta «enfermedad», fue acuñado a finales de los años 90, década muy marcada por el culto al cuerpo y a la imagen corporal, por el medico estadounidense Steven Bratman, tras sufrir él mismo los síntomas de este trastorno, ortorexia, estableciendo unas pautas para ayudar a identificar aquellas conductas o comportamientos insanos con la comida.

Este es el test (modificado del Doctor Bratman) que puede ayudar al diagnóstico:

¿Pasa más de tres horas al día pensando en su dieta?

¿Planea sus comidas con varios días de antelación?

¿Considera que el valor nutritivo de una comida es más importante que el placer que le aporta?

¿Ha disminuido la calidad de su vida a medida que aumentaba la calidad de su dieta?

¿Se ha vuelto usted más estricto consigo mismo en este tiempo?

¿Ha mejorado su autoestima alimentándose de forma sana?

¿Ha renunciado a comer alimentos que le gustaban para comer alimentos «buenos»?

¿Supone un problema su dieta a la hora de comer fuera, y esto le distancia de su familia y sus amigos?

¿Se siente culpable cuando se salta su régimen?

¿Se siente en paz consigo mismo y cree que todo está bajo control cuando come de forma sana?

Si contestas afirmativamente a cuatro o cinco preguntas significa que es necesario que te relajes más con lo que respecta a tu alimentación. Ahora, si respondes afirmativamente a todas las preguntas, quiere decir que vives obsesionado por llevar una alimentación sana, y si quieres hay médicos especialistas que te pueden ayudar.

En la medida en que la dieta se hace más severa, si se excluyen alimentos considerados básicos para el normal funcionamiento del organismo, pueden darse situaciones más o menos graves tales como: desnutrición, anemia, déficits múltiples de vitaminas y minerales, y alto riesgo de sufrir infecciones, entre otros.

En el ámbito personal, las consecuencias que tiene sufrir esta enfermedad sobre la vida y el entorno social son principalmente el aislamiento, cambios de carácter y distanciamiento de amigos y familiares.

Se debe hacer hincapié tanto en la prevención como en el diagnóstico precoz, ya que cuanto antes se diagnostica, mejor es el pronóstico de la enfermedad.

Desde el punto de vista dietético y nutricional, los objetivos del tratamiento son en primer lugar, cubrir los requerimientos nutricionales mínimos de la persona.

Se ha de aportar progresivamente una mayor cantidad de alimentos básicos hasta llegar al nivel adecuado considerando la edad, sexo, talla y peso real al inicio del tratamiento.

Como en todas las enfermedades relacionadas con los trastornos alimentarios, se deben de reestructurar los hábitos a la hora de comer, de forma que la dieta sea completa, equilibrada y bien distribuida a lo largo del día.

Los alimentos que se han de incluir en la alimentación diaria deben establecerse con arreglo a lo que la persona ingiere espontáneamente, aumentando su variedad y cantidad según su tolerancia y evolución, por lo que su motivación y su disposición para aceptar las orientaciones dietéticas son esenciales.

La introducción de alimentos inicialmente rechazados debe realizarse gradualmente.

En líneas generales, el médico especialista explicará la importancia de llevar a cabo una alimentación variada y completa, introduciendo cada día la cantidad suficiente de alimentos básicos necesarios para el buen funcionamiento del organismo.

Como en la mayoría de los aspectos de nuestra dieta, lo principal reside en la moderación. Llevar una alimentación sana debería tener un efecto positivo para la salud sin por ello dejar de disfrutar de la vida o ver afectadas las relaciones con los demás.

¿No crees?

Vía: consumer.es

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