No se sabe a ciencia cierta si nos encontramos ante una fondue o un aligot, quizás esté a medio camino entre una y otra preparación, en cualquier caso nos hallamos ante un evidente plato de queso, realmente sustancioso, que produce inmenso y hasta impúdico placer.
Una receta de queso y arroz, porque el cereal muestra también su identidad plena, sápida y táctil, representando el 50% de la obra gastronómica.
Los hongos insinúan el carácter intelectual de montaña más que real. En fin, una formula que refleja a las mil maravillas las cualidades e identidad de Philippe Leveillé con ésta receta.
Ingredientes:
- 400 g de arroz
- 150 g de mantequilla
- 150 g de hongos (boletus edulis)
- 70 g de parmesano rallado
- 1/2 bolsita de azafrán 2
- 50 g de queso robiola (o un queso semicurado)
- c.s. de caldo vegetal (sin sal)
- 1/2 vaso de vino blanco
- Sal y pimienta
Elaboración:
Sofreír 30 g de mantequilla, añadir el arroz y dejar el tiempo suficiente para que se dore, verter 1/2 vaso de vino blanco junto con la 1/2 bolsa de azafrán, añadir 100 g de hongos previamente salteados, incorporar el caldo vegetal y, poco a poco, los 120 g de mantequilla, cocer durante unos 15 minutos, retirar la sartén del fuego y “mantecar”, es decir, mezclar con 200 g de queso robiola y 70 g de queso parmesano para que quede cremoso.
Salar, disponer el conjunto en una bandeja de servicio, recubrir con finísimas láminas de queso robiola e introducir en el horno unos 2 minutos a 160° C.
Retirar el risotto del horno y añadir los hongos restantes previamente sofritos en mantequilla.
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