Limpiamos los calamares.
Cortamos el cuerpo en rodajas o anillas y separamos los tentáculos.
Echamos todo en un bol y cubrimos con leche.
Tapamos con papel film y dejamos reposar dos horas en la nevera.
Escurrimos y ponemos a calentar en una sartén abundante aceite de oliva.
Rebozamos las anillas de calamar en harina sazonada con sal, freímos de poco en poco.
Sacamos sobre papel absorbente y servimos los calamares rebozados en una fuente.
Rallamos por encima una lima y, si queremos, aderezamos con su zumo.
Abrimos una cervecita, o lo que se tercie y ya podemos disfrutar de unos calamares rebozados caseros que dan cien mil vueltas a los de los bares y no digamos a los precocinados.