En una bandeja de horno, sobre un silpat o papel sulfurizado, estiramos las lonchas de jamón serrano.
Horneamos durante 40 minutos a 150º y reservamos en el horno hasta su posterior uso.
Mientras cocemos las dos patatas en agua con sal.
Cuando estén blandas las sacamos, refrescamos y pelamos.
Con la ayuda de un tenedor las trituramos en un bol con la mantequilla, la sal y pimienta al gusto.
Salteamos los níscalos en una sartén con dos o tres cucharadas de aceite de oliva y un ajo picado, sazonamos y reservamos.
Ponemos una cazuela con agua a cocer para elaborar en ella los huevo pochados.
Cortamos cuatro trozos grandes de papel film. Engrasamos cada uno de ellos con aceite de oliva y lo colocamos centrado en un bol. Aplastamos el centro del papel film sobre el fondo del recipiente y vertemos en su interior un huevo. Aderezamos con una pizca de sal.
Cogemos las cuatro puntas del papel film, sacamos del bol y empezamos a formar el saquito girando el envase que luego ataremos una vez haya salido el aire interior.
Una vez tengamos todos preparados, los echamos a la cazuela cuando el agua esté hirviendo. Después de cuatro minutos, sacamos a un recipiente con agua y hielos, para romper su cocción. Esta es una de las maneras más vistosas de preparar un huevo pochado.
Una vez fríos desmoldamos con mucho cuidado y nos dispondremos a montar el plato.
En cada uno de los platos ponemos en el centro tres cucharadas de puré de patatas, encima un huevo poché, y a su alrededor un poco de salteado de setas.
Sacamos el jamón del horno, colocamos dos lonchas en cada uno de los platos y el resto lo trituramos para esparcirlo por cada uno de los platos.
Finalmente lo adornamos con el romero o tomillo fresco.
Servimos y degustamos el huevo pochado.