A la hora de hacer arroz en casa tengo la costumbre de utilizar como medida un sistema que tengo muy a mano: el puño o “puñao”. Una costumbre muy tradicional en la cocina de las abuelas que hemos visto utilizar en infinidad de ocasión a nuestras madres y que ahora usamos nosotros. Para medir la cantidad de arroz que hay que echar por persona se suele utilizar un vaso. Siempre hemos escuchado “un vaso de arroz por dos de agua o caldo” como medida ideal para un arroz perfecto. Como os digo, yo soy de “puñao” y el caldo lo echo a “ojo”, hay días que lo clavo y otros días que me sale el arroz más caldoso… Os comento esto por que lo que aprendemos de nuestras madres será lo que enseñemos a nuestros hijos como esa “odiosa costumbre” que tenían, que no me gustaba nada cuando era niño, de reutilizar las sobras de la comida para la cena o para elaborar la comida del día posterior.
En una de mis escapadas al supermercado de El Corte Inglés (puro vicio ya), compré un paquete de obleas de arroz con la intención de hacer alguna receta tipo saquito y no con la de hacer rollitos de primavera, con estos me llevo un poco mal ya que contienen casi todos soja y yo la tengo alergia.
Como sabes un estofado es un proceso culinario de cocción en el cual un alimento, que se echa en la cazuela crudo, es sometido a fuego lento en un recipiente cerrado durante un cierto tiempo. El resultado final es un guiso muy aromático y sabroso. Lo que hace tener la olla o cazuela cerrada es evitar la evaporación del líquido que hay en su interior, manteniendo de esta forma gran parte de los jugos iniciales además de retener los sabores y aromas de los alimentos cocinados.
En primer lugar pondremos a hervir la pasta en abundante agua y sal con un poco de aceite, la cocción es al gusto hay a quien le gusta "al dente" y los hay a quien les gusta la pasta más blanda. Una vez estén cocidos les escurrimos y les pasamos por el agua del grifo para que se enguajen y no se peguen mientras les tenemos en reserva.
En casa cuando compramos pescado solemos guardar los desperdicios de este (cabeza y espinas), para elaborar un caldo con ellos que, una vez preparado solemos utilizar en el momento o bien congelar para otra ocasión. Esta vez no hizo falta congelarlo y lo utilizamos para elaborar un "arroz con sepia y pulpo".
Alubias con bogavante y almejas, una receta ideal para dar la bienvenida al otoño. Para dar la bienvenida al otoño...
Hay que ver lo que puede dar de si un jamón de "los buenos". Además del placer de poder disfrutar de un buen plato de jamón ibérico en cualquier momento, y en cualquier ocasión, una vez que le dejamos "limpio" podemos hacer con él una buena cazuela de caldo que congelaremos para utilizar como base o "fondo" de arroces, guisos y deliciosas sopas. Para hacer un buen caldo de jamón lo más importante es "blanquear" los huesos de jamón durante unos segundos en agua hirviendo. Para ello, una vez tengamos cortado el hueso del jamón en trozos, (se lo podemos decir a nuestro carnicero de confianza), ponemos tres cazuelas con abundante agua a cocer.
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