24 OctBuñuelos de Todos los Santos

De los buñuelos dicen, que cuando te comes uno, sacas un alma del purgatorio.
Buñuelos de viento

Durante la persecución del emperador Diocleciano hubo tantas muertes que no se podían conmemorar todas una por una y Santo por Santo, así surgió la necesidad de organizar una fiesta común que pudiera rememorar a todos y eso ocurrió a partir del siglo IV.

La fiesta inicialmente se hacía en el mes de mayo hasta que el Papa Gregorio III la cambió al 1 de noviembre, fecha que ha venido celebrándose hasta nuestros días.
Y es que desde que el hombre empezó a enterrar a sus muertos, ha sentido la necesidad de seguir manteniendo un lazo invisible con sus seres queridos desaparecidos.
La fiesta y la diversión no está tanto en el bar como en el camposanto, es más elegante ir de negro que de fantasma, y resultan más bonitos los crisantemos que las calabazas, aunque éstas brillen más en los bares españoles últimamente.

Para éste día lo mejor es hacer una buena merienda con esos dulces típicos de esta fiesta.
Con más morbo además, si tienen leyenda.

Por su parte, los huesos de santo que son  unos canutillos de mazapán rellenos de chocolate, crema, yema o boniato, para algunos, fingen el canibalismo sano, si uno se come a los muertos simbólicamente es porque se les respeta y no se les tiene miedo.
¿No será también porque comiéndonos un hueso de “santo” quizás se nos pegue algo de su santidad?.

Buñuelos de Viento
Ingredientes:

- 150 g de harina
- 125 g de mantequilla
- 2 g de sal
- 6 huevos
- Aceite de girasol
- 1/2 l de agua
- 1 taza de leche

Elaboración:

En un cazo a fuego suave, se ponen el agua, la leche, la mantequilla y la sal.

Cuando arranque el hervor y la mantequilla esté fundida, se añade toda la harina de golpe, se mezcla con una cuchara hasta obtener una pasta bastante seca, que se enganchará en las paredes del recipiente.

Se retira del fuego, se deja que enfríe un poco y se añaden uno a uno los huevos, trabajando hasta que se obtenga una masa fina y suave, pero no liquida.

Para dar forma a los buñuelos, se pueden utilizar dos cucharas untadas en aceite o con los dedos tambien humedecidos en aceite, y, en una sartén con abundante aceite de girasol, se fríen los buñuelos.

Se les da la vuelta con una espumadera, y se sacan de la sarten cuando esten completamente dorados, se retiran y se dejan escurrir sobre papel absorbente.

Se les puede rellenar a gusto del consumidor, crema pastelera, de chocolate, toffe, etc.

Foto: escuela hosteleria ben ahavis

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