Mejillones en salsa picante de cerca, con la salsa ligada con su propio caldo

Mejillones en salsa picante, la tapa de la abuela

El marisco de los pobres hecho tapa de lujo: la salsa de la abuela ligada con el caldo de los propios mejillones y el picante a tu medida.

Última actualización:

Al mejillón lo llaman el marisco de los pobres, y en esta casa lo decimos con orgullo: pocas cosas dan tanto por tan poco. Esta receta lleva en El Aderezo desde 2008 y es la tapa de bar de toda la vida: los mejillones abiertos al vapor, presentados en su media concha y cubiertos con una salsa de sofrito, pimentón y guindilla que se liga con el caldo de los propios mejillones. Ahí está el secreto entero: la salsa no se hace con agua, se hace con mar.

La mayor parte del mejillón que comemos en España sale de las bateas gallegas, y no es un mejillón cualquiera: es la única denominación de origen protegida del mar que tiene España. De eso, de cómo comprarlo y limpiarlo sin sustos, y de cómo graduar el picante desde «toda la familia» hasta «solo valientes», hablamos un poco más abajo.

Pon pan en la mesa antes de servirlos. No es una sugerencia: es una advertencia.

Mejillones en salsa picante en su media concha, bañados en la salsa de tomate y pimentón

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Mejillones en salsa picante

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La tapa de bar de toda la vida: mejillones abiertos al vapor con un dedo de agua, presentados en su media concha y cubiertos de una salsa de sofrito, pimentón y guindilla ligada con el caldo de los propios mejillones. El picante se gradúa a tu gusto y el pan es obligatorio.
Tiempo de preparación 15 minutos
Tiempo de cocción 20 minutos
Tiempo Total 35 minutos
Raciones: 4 raciones de tapa
Cocina: Española
Calorías: 159

Ingredientes
  

  • 1500 g mejillones frescos, mejor gallegos con DOP; son unos 375 g de carne
  • 1 Cebolla picada muy fina
  • 2 guindilla o cayena; gradúa el picante con la escala de la casa
  • 75 g Salsa de tomate estilo casero; unas 5 cucharadas
  • 8 g pimentón dulce una cucharada; picante si eres de los bravos
  • 10 g harina una cucharada, para ligar la salsa
  • 1 Hoja de laurel para el vapor
  • 3 cucharadas Aceite de oliva virgen extra para el sofrito
  • Perejil fresco picado, para rematar
  • Sal probablemente ninguna: el caldo del mejillón ya la trae

Utensilios

  • 1 Cazuela amplia y con tapa, para el vapor
  • 1 Sartén para la salsa
  • 1 Colador fino o estameña, para el caldo

Elaboración
 

  1. Rascamos las conchas de los mejillones bajo el grifo de agua fría y les arrancamos las barbas tirando hacia la bisagra de la concha. Descartamos los rotos y los abiertos que no se cierren al darles un golpecito. Esta limpieza se hace justo antes de cocinarlos.
  2. Ponemos los mejillones en una cazuela amplia con un dedo de agua (no más: ellos traen su propio jugo), la hoja de laurel y fuego fuerte. Tapamos y en 2 a 6 minutos estarán abiertos: los retiramos del fuego en cuanto abran, para que no encojan. Los que no se hayan abierto, a la basura.
  3. Colamos el caldo que ha quedado en la cazuela con un colador muy fino (o una estameña) para dejar la arenilla atrás, y lo reservamos: es el alma de la salsa.
  4. En una sartén con el aceite, pochamos la cebolla picada muy fina a fuego medio hasta que esté transparente. Añadimos la harina y la rehogamos un par de minutos, removiendo, para que no sepa a cruda.
  5. Apartamos un momento la sartén del fuego, incorporamos el pimentón y la guindilla, y mojamos enseguida con la salsa de tomate y el caldo colado de los mejillones, poco a poco y sin dejar de remover, hasta que la salsa espese ligeramente. Cocemos 5 minutos a fuego suave.
  6. Mientras, quitamos a cada mejillón la concha vacía y colocamos las medias conchas con su carne en una fuente. Si quieres la salsa completamente fina, pásala por el chino.
  7. Probamos la salsa y solo entonces decidimos si necesita sal (casi nunca). La repartimos caliente sobre los mejillones, espolvoreamos con perejil picado y a la mesa, con pan y sin timidez.
Información nutricional
Valores por ración y por 100 g
Por ración100 g%VRN*
Energía159 kcal665 kJ36 kcal151 kJ8%
Grasas10,1 g2,3 g14%
de las cuales saturadas1,5 g0,3 g8%
Hidratos de carbono9,5 g2,1 g4%
de los cuales azúcares3,1 g0,7 g3%
Fibra alimentaria1,7 g0,4 g7%
Proteínas11,3 g2,6 g23%
Sal0,84 g0,19 g14%
* %VRN: porcentaje de los valores de referencia de nutrientes para un adulto medio (8 400 kJ / 2 000 kcal), según el Reglamento (UE) n.º 1169/2011.Información nutricional estimada, calculada ingrediente a ingrediente a partir de BEDCA (AESAN / EuroFIR), USDA FoodData Central y el etiquetado de los ingredientes.Son valores orientativos: pueden variar según las marcas, el tamaño de las piezas y la preparación, y no incluyen acompañamientos ni decoraciones opcionales.

Notas

La escala del picante de la casa: media guindilla sin semillas que se retira (suave), dos guindillas (medio), cayena y pimentón picante (bravo). La salsa gana reposada, así que puedes hacerla con antelación y juntar los mejillones al recalentar, a fuego suave. El plato hecho aguanta 2 días en nevera y congela bien hasta 3 meses.

El caldo es la salsa: la técnica con sus porqués

1 dedoDe agua en la cazuela, no más. El mejillón trae su propio jugo y lo suelta al abrirse: cocerlos cubiertos de agua es aguar ese tesoro. Fuego fuerte, tapa puesta, y en dos a seis minutos están abiertos. Retíralos del fuego en cuanto abran: cada minuto de más los encoge y los vuelve gomosos.
  • Cuela el caldo con un colador muy fino (o una estameña, como manda la escuela clásica): ahí queda la arenilla, y lo que pasa es oro puro para la salsa.
  • Cuidado con la sal: probablemente no haga falta ninguna. El caldo del mejillón ya viene salado por el mar. Prueba la salsa al final y decide entonces.
  • La harina, rehogada un par de minutos en el sofrito antes de mojar: liga la salsa sin dejar sabor a crudo.
  • El pimentón, fuera del fuego o mojando inmediatamente después de echarlo: quemado amarga, y no hay salsa que lo disimule. Lo advierten los propios productores de La Vera.
  • El reposo le sienta bien: esta salsa está aún mejor un rato después, cuando el picante y el tomate se han hecho amigos.

El mejillón gallego: la única DOP del mar que tiene España

El Mexillón de Galicia tiene denominación de origen protegida europea desde 2007, y sigue siendo la única DOP española de un producto del mar (y la primera de un molusco fresco en Europa). Detrás hay unas 3.300 bateas repartidas en cinco rías (la de Arousa concentra casi siete de cada diez), criando Mytilus galloprovincialis colgado de cuerdas, sin pienso y sin prisa. Galicia produce en torno al 97 % del mejillón español, y España es el primer productor de la Unión Europea.

  • Hay mejillón todo el año, pero el pliego de la DOP lo dice claro: alrededor del 70 % se cosecha de octubre a marzo, cuando la carne está más llena. Tras el desove de primavera viene algo más vacío.
  • La vigilancia sanitaria es diaria: las rías se controlan polígono a polígono y se cierran de forma preventiva cuando hay biotoxinas. El mejillón que llega a la pescadería ha pasado ese filtro; el peligro real es el marisqueo furtivo, no el mostrador.

Comprar, guardar y limpiar sin sustos

  • En la pescadería: mejillones que pesen en la mano, con las conchas cerradas o que se cierren al darles un golpecito. Los rotos y los que se quedan abiertos, fuera. Todos los bivalvos que se venden han pasado antes por depuradora o por zona limpia: lo exige la normativa europea.
  • En casa: a la nevera tapados con un paño húmedo. Nunca sumergidos en agua ni en un recipiente o bolsa cerrados (se asfixian). Y cuanto antes a la cazuela: un día, dos como mucho.
  • La limpieza: rasca las conchas bajo el grifo de agua fría y arranca las barbas tirando de ellas hacia la bisagra de la concha, no hacia la punta. Hazlo justo antes de cocinarlos: al arrancar las barbas el mejillón se resiente, y conviene que llegue vivo al vapor.
  • Después de la cocción: el que no se haya abierto, a la basura sin discusión. Es la regla prudente de toda la vida y con ella no hay sustos.

El picante, a tu medida: de «toda la familia» a «solo valientes»

Esta salsa admite regulador, y conviene usarlo con cabeza: la cayena pica entre cuatro y veinte veces más que un jalapeño, así que el margen de maniobra es grande.

  • Suave (para toda la mesa): pimentón dulce y media guindilla sin semillas, que se retira antes de servir. Pica lo justo para saber que está.
  • Medio (el de la receta): pimentón dulce y dos guindillas. El equilibrio del bar de toda la vida: pica, pero no tapa el mar.
  • Bravo: pimentón picante y cayena. Para los de «¿esto es todo lo que pica?». Recomendamos pan doble y algo fresco de beber.

El truco en cualquier nivel: el picante se añade con el sofrito, no al final, para que se funda con la salsa en vez de quedarse en la superficie.

Mejillones en salsa picante de cerca, con la salsa ligada con su propio caldo

Los «tigres» de Bilbao: la tapa picante con partida de nacimiento

La familia picante del mejillón tiene historia documentada: en Bilbao, el Bar Talento de la calle Iturribide servía ya en 1939 sus raciones de doce mejillones en salsa picante de tomate. Al principio los llamaban «rabiosos»; el nombre de tigres se les quedó a raíz de una caricatura publicada en El Correo en 1965, según documenta la historiadora gastronómica Ana Vega. Aquellos tigres bilbaínos (hoy casi siempre rebozados y fritos) y estos mejillones en salsa picante de tapa de bar son ramas del mismo árbol: mejillón, tomate y un punto bravo que pide pan y otra ronda.

El marisco de los pobres, rico donde importa

Cada ración de esta tapa ronda las 159 kcal, y lo que hay dentro justifica el apodo al revés: según las tablas españolas de la FEN, la carne del mejillón aporta 10,8 g de proteína por 100 g con solo 60 kcal, y un hierro (4,5 mg) que las propias tablas describen como superior al de muchas carnes. De vitamina B12 va sobrado: una ración cubre varias veces la referencia diaria europea.

  • El dato que nadie cuenta: la porción comestible del mejillón es el 25 % de su peso. Un kilo y medio con concha son unos 375 g de carne: por eso una ración de tapa generosa sale tan ligera.
  • Sostenible y tranquilo: el mejillón de batea se cría filtrando el mar, sin pienso, y está entre las especies de bajo contenido en mercurio de la lista de la AESAN.
  • Alérgenos: moluscos (obviamente) y gluten por la harina de la salsa; sustituible por maicena si hace falta.

La alimentación se valora en el conjunto de la dieta; para pautas personalizadas, consulta a un profesional sanitario.

Hoy tapa, mañana también: conservar y congelar

  • El plato hecho aguanta 2 días en la nevera bien tapado. La salsa, de hecho, gana con el reposo; recalienta suave y sin hervir fuerte, que el mejillón se encoge.
  • Congelar, sí: el mejillón cocido (con o sin concha) congela bien de 3 a 6 meses. Congela la salsa aparte si puedes: se recompone mejor.
  • Ojo al matiz: si congelas mejillón fresco, muere al congelarse; ya no valen las reglas del vivo. Del congelador, directo a la cazuela tras descongelar en nevera.

Las dudas de los mejillones, resueltas

¿Cómo se limpian los mejillones?

Rascando las conchas bajo el grifo de agua fría y tirando de las barbas hacia la bisagra de la concha. Mejor justo antes de cocinarlos, para que lleguen vivos al vapor. Descarta los rotos y los abiertos que no se cierren al darles un golpecito.

¿Qué hago con los que no se abren al cocinarlos?

Descartarlos sin pena: es la regla prudente de siempre. Y al revés: los que estaban abiertos antes de cocinar y no reaccionaban al toque tampoco van a la cazuela.

¿Puedo usar mejillones cocidos o congelados del súper?

Sí: añádelos directamente a la salsa al final, solo para calentarse. Perderás el caldo propio del vapor, así que sustitúyelo por un poco de caldo de pescado suave.

¿Cómo hago la salsa menos (o más) picante?

Con la escala de la casa: media guindilla sin semillas que se retira (suave), dos guindillas (medio), o cayena y pimentón picante (bravo). El picante se echa siempre con el sofrito, para que se funda con la salsa.

¿Se pueden preparar con antelación?

La salsa sí, y además mejora reposada. Guarda los mejillones aparte y júntalos al recalentar, con fuego suave, para que no se encojan.

¿Por qué no lleva sal la receta?

Porque la salsa se moja con el caldo de los propios mejillones, que ya viene salado del mar. Se prueba al final y solo se corrige si de verdad hace falta, que casi nunca.

Si en tu casa esta tapa también desaparece antes de que llegue el segundo plato, cuéntanoslo en las estrellas de la ficha. Y guarda las conchas vacías como prueba: aquí no van a quedar ni ellas.

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