Pasado el día de Reyes, en muchas neveras queda medio roscón que ya nadie mira: la nata se ha asentado, el bizcocho se ha puesto seco y, de tanto verlo, deja de apetecer. Antes de que acabe en la basura, tiene una segunda vida mucho mejor. Este pudin lo empapa en una crema de huevo, leche y azúcar, le suma manzana reineta, avellanas y miel, y lo hornea hasta que cuaja como un flan. Y lo aprovecha entero: hasta la nata y la fruta escarchada del propio roscón vuelven al plato.
Es, además, un gesto pequeño contra un problema grande. Y que el roscón esté algo seco no es un pero: al contrario, así empapa mejor la crema. Si te sobró casero, aquí tienes también nuestra receta de roscón de Reyes para el año que viene, y más ideas entre las recetas de roscón.
Abajo, por qué la reineta es la manzana de horno, cómo se hace la quenelle de nata con dos cucharas y el truco para que no se te queme por arriba antes de cuajar por dentro.
Más dulces de aprovechamiento

Pudin de roscón de Reyes con manzana reineta
Ingredientes
Utensilios
Elaboración
- Quitamos las frutas escarchadas de la parte superior del Roscón de Reyes. Levantamos dicha parte y retiramos la nata de su interior, a un cuenco, con la ayuda de una cuchara.

- Con otra cuchara más preparamos unas quenelles, colocamos sobre una bandeja e introducimos en el congelador hasta el momento de servir el pudin.

- Engrasamos un molde apto para el horno y colocamos en su interior las dos partes del roscón, sin nata, procurando cubrir toda la base del molde.

- Batimos en un cuenco los tres huevos, la leche o nata y el azúcar. Vertemos sobre el bizcocho de Roscón.
- Pelamos las manzanas, cortamos a la mitad, retiramos las semillas y cortamos en láminas no muy finas.
- Colocamos las láminas de manzana sobre el bizcocho. Esparcimos las avellanas machacadas y un poco de azúcar blanco.
- Introducimos en el centro del horno, previamente precalentado a 200º, y horneamos durante 40 minutos a 180º.
- Pasado el tiempo, abrimos la puerta del horno, sin sacar el pudin de su interior, y dejamos templar 10 minutos.

- Vertemos las dos cucharadas de miel en un vaso, junto a otra media de agua, y templamos unos segundos en el microondas.
- Sacamos el pudin de Roscón del horno, vertemos la mezcla anterior por su superficie y servimos templado, junto con la nata congelada y la fruta escarchada.

| Por ración | 100 g | %VRN* | |
|---|---|---|---|
| Energía | 320 kcal1.339 kJ | 197 kcal824 kJ | 16% |
| Grasas | 13,5 g | 8,3 g | 19% |
| de las cuales saturadas | 4,7 g | 2,9 g | 24% |
| Hidratos de carbono | 40,7 g | 25,1 g | 16% |
| de los cuales azúcares | 25,9 g | 16 g | 29% |
| Fibra alimentaria | 2,9 g | 1,8 g | |
| Proteínas | 9,1 g | 5,6 g | 18% |
| Sal | 0,48 g | 0,3 g | 8% |
Notas
Un plato contra la basura
La idea no es nueva: el pudin de pan nació en la Inglaterra medieval precisamente para no tirar el pan duro, rehidratándolo con leche y huevo. Este es la versión de enero, con el roscón en el papel del pan y la fruta escarchada que ya venía puesta.
La reineta, la manzana de horno
No todas las manzanas valen para hornear. La reineta sí: tiene menos agua y más pectina que otras, así que aguanta el calor sin colapsar en compota, y su acidez fresca corta el dulzor del roscón y la miel. Se ablanda, pero mantiene el tipo. Es tan de cocina que tiene su propia denominación de origen, la Manzana Reineta del Bierzo, en León, con su piel rugosa tan reconocible. Si no la encuentras, cualquier manzana ácida y firme hará el papel.

La quenelle de nata, con dos cucharas
La nata que le quitas al roscón no se tira: se monta y se le da forma de quenelle, esa porción ovalada de toda la vida en la cocina francesa. Con dos cucharas soperas mojadas en agua caliente, pasa la nata de una a otra girándola, y saldrá el huso liso y bonito. Congélalas sobre una bandeja y sácalas justo al servir, para que aguanten la temperatura del pudin templado. Cada ración se corona con su quenelle y un trozo de la fruta escarchada.
El horno y lo que sobre del pudin
Se precalienta a 200 ºC y se hornea a 180: el golpe inicial de calor arranca el cuajado, y bajar luego evita que la superficie se dore antes de que el interior esté hecho. Cuarenta minutos suelen bastar; sabrás que está cuando el centro haya cuajado y ya no tiemble como líquido. Después, diez minutos con el horno apagado y la puerta entreabierta, y el riego de miel templada. Lo que sobre aguanta dos o tres días en la nevera, tapado, y se agradece incluso frío.
Lo que cuenta cada ración
Cada ración ronda las 320 kilocalorías, un valor aproximado calculado ingrediente a ingrediente con las tablas BEDCA y USDA. Al ser una receta de aprovechamiento, lo que salga depende mucho del roscón que te sobre y de cuánta crema empape. La manzana suma fibra y el postre reparte el dulzor entre bastantes raciones. Alérgenos a la vista: gluten, huevo, leche y frutos secos (avellana); si el roscón llevaba mazapán o más frutos secos, añádelos a la lista. La tabla completa, en la ficha de arriba.
Preguntas frecuentes
¿Qué se puede hacer con el roscón de Reyes que sobra?
Uno de los mejores destinos es un pudin: se empapa el roscón en una crema de huevo, leche y azúcar, se le añade manzana y frutos secos y se hornea hasta que cuaja como un flan. Que el roscón esté algo seco ayuda, porque absorbe mejor la crema. Sale un postre nuevo aprovechándolo entero, incluso su nata y su fruta escarchada.
¿Por qué manzana reineta y no otra?
Porque la reineta tiene menos agua y más pectina que la mayoría, así que aguanta el horno sin deshacerse del todo, y su acidez equilibra el dulzor del roscón y la miel. Si no la encuentras, sirve cualquier manzana ácida y firme; evita las muy dulces y harinosas, que se convierten en compota.
¿Cómo se hace una quenelle de nata?
Con dos cucharas soperas mojadas en agua caliente: pasa la nata montada de una a otra haciéndola girar, y toma forma ovalada de huso. Aquí se aprovecha la propia nata del roscón; conviene congelar las quenelles sobre una bandeja y sacarlas al servir, para que no se derritan con el pudin templado.
¿Cuánto dura el pudin de roscón en la nevera?
Dos o tres días, tapado y en la nevera. Se puede tomar templado recién hecho o frío al día siguiente, que también está muy bueno. La quenelle de nata, en cambio, se añade en el momento de servir.
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