Los buñuelos rellenos de crema de castañas son una variante muy otoñal de los clásicos buñuelos de viento. Mantienen la masa ligera y hueca que caracteriza a este dulce, pero cambian los rellenos más habituales por una crema de castañas suave y golosa, especialmente apropiada para las semanas del Día de Todos los Santos.
Esta receta tiene además una particularidad: aprovechamos parte del agua en la que se han cocido las castañas como líquido de la masa. Una vez colada, sustituye al agua de una masa choux convencional —mantequilla, harina y huevo—, que sube sola por el vapor, sin necesidad de levadura. Aporta un matiz propio y, de paso, aprovecha algo que casi siempre acaba por el fregadero. Después de freír los buñuelos solo queda dejarlos enfriar, rellenarlos con la crema y terminar con un poco de azúcar glas. Si te gusta la castaña, tienes muchas más ideas en nuestra recopilación de recetas con castañas.

Buñuelos rellenos de crema de castañas
Ingredientes
Utensilios
Elaboración
- Lo primero es preparar la crema de castañas siguiendo su receta. Importante: reserva el agua de cocer las castañas, que usaremos para la masa. Si vas a usar crema comprada, empieza directamente por el paso 2 con agua.
- Colamos ese agua y ponemos 125 ml en una cazuela junto con la mantequilla y la pizca de sal.
- En cuanto empiece a hervir retiramos del fuego, incorporamos la harina tamizada de una sola vez y volvemos a llevar al fuego.
- Removemos con una cuchara de madera un par de minutos, hasta que la masa forme una bola que se despega de las paredes de la cazuela.
- Apagamos el fuego y retiramos la cazuela.
- Dejamos templar unos cinco minutos (la masa debe estar caliente pero sin quemar) y añadimos los huevos de uno en uno: hasta que no esté integrado el primero, no se añade el segundo. Si hiciera falta, incorporamos parte de un tercero poco a poco.
- La masa está lista cuando queda lisa y brillante y cae de la cuchara formando una punta. Se puede freír enseguida; si la preparas antes, tápala para que no forme costra.
- Ponemos abundante aceite de girasol en una sartén honda y lo calentamos a fuego medio, alrededor de 160-170 ºC. Freímos primero un buñuelo de prueba: debe crecer y cocinarse por dentro antes de dorarse demasiado.
- Con la ayuda de dos cucharillas formamos bolitas del tamaño de una nuez y las echamos al aceite de pocas en pocas, porque se hinchan bastante.
- Al crecer, muchos buñuelos se giran solos; al que no lo haga le damos la vuelta con la espumadera para que se dore por igual.
- Cuando estén dorados por igual los sacamos sobre papel absorbente y los dejamos enfriar por completo.
- Ya fríos, los rellenamos de crema de castañas con una manga pastelera de boquilla fina.
- Espolvoreamos azúcar glas por encima y servimos.
Información nutricional
Notas
Trucos para que salgan perfectos
- Guarda el agua de cocer las castañas. Cuélala bien y reserva 125 ml para la masa. Si no te llega, completa con agua: la receta funciona igual.
- La harina, de golpe. En cuanto el agua rompa a hervir con la mantequilla, échala toda de una vez y remueve con energía; después vuelve al fuego un par de minutos hasta que la masa se despegue de las paredes.
- Deja templar antes de los huevos. Unos cinco minutos: si la masa quema, el huevo cuaja. Y añádelos de uno en uno, sin prisa.
- Busca la textura, no el número. La masa debe quedar lisa y brillante, y caer de la cuchara formando una punta. Si ves que con dos huevos queda muy espesa, incorpora un poco más de huevo batido.
- No necesita reposo. En cuanto la masa tiene la textura correcta puedes freír. Si te viene mejor dejarla un rato, tápala para que no forme costra.
- Bolitas pequeñas y de pocas en pocas. Con dos cucharillas, del tamaño de una nuez. Si llenas la sartén, la temperatura se desploma.
- Muchos se giran solos. Al crecer, buena parte de los buñuelos voltea por sí misma; al que no lo haga, dale la vuelta con la espumadera para que se dore por igual.
- Rellena en frío. Espera a que estén completamente fríos antes de meter la manga pastelera, o la crema se derretirá dentro.
La castaña, el fruto del otoño
Pocos frutos están tan ligados al otoño como la castaña, con una larga tradición en las zonas húmedas y montañosas del norte y el oeste peninsular, donde el castaño ha formado parte del paisaje y de la despensa durante siglos. Se come asada, cocida o convertida en harina, y en repostería es un lujo: su dulzor suave y su textura harinosa combinan de maravilla con el chocolate, con la nata y, como aquí, con una masa frita recién hecha.
En el blog le tenemos especial cariño. Si te sobra crema, échale un ojo a nuestra tarta de queso sin horno con crema de castañas o a la crema de chocolate y castañas. Y si prefieres conservarlas para todo el año, nada como unas castañas en almíbar.
Otros rellenos y variantes
Con esta misma masa puedes preparar una bandeja de distintos rellenos, que queda muy vistosa:
Con qué acompañarlos
Recién hechos y aún templados no necesitan mucho más, pero si los sirves de merienda o de postre, un chocolate a la taza espeso es la compañía de estas fechas por excelencia. Un café solo corta muy bien el dulzor del relleno, y entre los vinos dulces, un moscatel o una mistela acompañan estupendamente a la castaña. Para los niños, un vaso de leche fría y a mojar sin miedo.
Conservación
Sin rellenar
Están mejor el mismo día. Si sobran, guárdalos tapados en un sitio fresco y recupéralos al día siguiente con un golpe de horno a 160 ºC durante 3-4 minutos.
Ya rellenos
Al llevar crema, siempre en la nevera (≤4 ºC) y en recipiente hermético; consúmelos en 1 o 2 días. Lo ideal es rellenarlos poco antes de servir.
Preguntas frecuentes
¿Puedo usar crema de castañas comprada?
Sí, aunque no son lo mismo. Nuestra crema de castañas casera lleva leche y yemas, mientras que las de tarro suelen ser una pasta de castaña y azúcar, más densa y dulce. Lo importante es que tenga una textura que se pueda manejar con manga pastelera: si la comercial está muy compacta, trabájala un poco (o aflójala con una cucharada de leche o nata) antes de rellenar.
¿Para qué sirve el agua de cocer las castañas?
Es la particularidad de esta receta: en lugar de agua corriente usamos parte del agua de cocción de las castañas, que aporta un matiz propio a la masa y aprovecha un líquido que normalmente se tira. Cuélala bien y reserva 125 ml; si no llega, completa con agua.
¿A qué temperatura se fríen los buñuelos?
Alrededor de 160-170 ºC, con aceite abundante y a fuego medio, aunque conviene tomarlo como orientación: haz primero uno de prueba y comprueba que crece y se cocina por dentro antes de dorarse demasiado.
¿Hay que dejar reposar la masa antes de freír?
No hace falta: la masa choux se puede usar en cuanto tiene la textura correcta. Si te viene mejor prepararla con antelación, tápala para que no forme costra y, si la guardas en la nevera, sácala un rato antes para que se atempere.
¿Se pueden preparar con antelación?
Puedes freírlos por la mañana y rellenarlos justo antes de servir. Ya rellenos aguantan 1 o 2 días en la nevera, aunque pierden algo de crujiente; un golpe de horno antes de rellenarlos los recupera.
¿Con qué se acompañan?
Con un chocolate a la taza, un café solo o un vino dulce como un moscatel. Son un final estupendo para una comida de otoño o para la merienda del Día de Todos los Santos.











